En el patio del Senado y también en las afueras del Congreso, hace un año que se apuran sus pitillos senadores y diputados. Es el caso de Carmela Silva, diputada por el PSOE, que explica en clave de humor que “lo único positivo de fumar es que se crean círculos de charla con gente desconocida”. También a que fuma menos, solo medio cigarro, porque hace frío y no se está a gusto. Alude a esa relación social que se genera entorno al lugar de fumar y con otros fumadores como los diputados Miguel Cortizo o Laura Seara, pero asegura que cada vez se encuentra a “menos gente“. “Ahora, yo fumo más en casa y en la calle, aunque no me gusta”, comenta. No en vano, la diputada asegura que le gustaría dejarlo porque afecta a uno de sus vehículos de trabajo: la voz.
En la historia del escenario pasean nombres de artistas como Krahe que han hecho del pitillo una seña de identidad. Pero entre el público, la entrada en vigor de la Ley supuso el desarraigo del humo de locales de los que ya formaba parte. Esta transición se considera que los españoles han dado ejemplo de conciencia social. Hernández es uno de los que recalca los efectos negativos –a nivel económico, no de salud– que está teniendo para las salas de conciertos.